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El mundo es el "lugar teológico" en el que hay que buscar y conocer a Dios. De aquí parten todos los desafíos para la conversión del mundo y para la reforma de la Iglesia.
La pasividad -o experiencia del primado de Dios- es típica de las experiencias de todos los grandes místicos. Tal experiencia, en vez de ser desvalorizada, disminuida o relativizada, en el P. Lombardi se amplía y se radicaliza como presencia del "Dios de la historia" y de la "historia de y en Dios".
La exigencia de silencio-escucha se convierte en él -y en la propuesta que nace de él- en el punto de partida de la misma espiritualidad cristiana.
Todo nace de encontrar, descifrar, contemplar el acontecimiento del Dios Trinitario que está en comunión con el género humano. El Espíritu de Cristo actúa -sin violentar la autonomía de la historia- desde lo profundo de los mismos acontecimientos históricos. Y desde allí empuja a la humanidad hacia la plenitud en la unidad.
Es este el sentido espiritual de la "lectura de los signos de los tiempos": entrar en sintonía con la acción divina en la historia.
He aquí el vértice de la experiencia interior de la acción del P.Lombardi y de su Grupo.
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