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Nace en Nápoles el 28 de marzo de 1908, quinto entre cinco hermanos. Ricardo es el más débil, inapetente y reflexivo de todos. Los Lombardi son un clan burgués, católico-romano observante pero con un matiz de severidad y de activismo de corte nord-europeo: un raro cruce entre reglas comunes e individualismo, intolerancia e intransigencia, religión y laicidad, con tablas de valores adecuadas para seleccionar la especie para funciones de liderazgo y para reservarle cualquier mención no marginal en la historia de la sociedad italiana del Novecientos. Aún habiendo manifestado a sus padres, mientras estaba en el Liceo en Nápoles, que quería hacerse jesuita, en el paso de Nápoles a Roma, le viene una crisis intelectual y religiosa profunda. En esta fase, gracias a la insistencia de la madre, a quien obedece de mala gana, visita en el Vaticano una exposición de las misiones. Esto ocurre en diciembre de 1925. Contempla escenas de leprosos, hospitales, escuelas, subdesarrollo: es el catolicismo de frontera en África y en Asia. Esto impacta a Ricardo. Vuelve a la casa y se dedica a leer la vida de los Santos. Le impresiona favorablemente todo la autobiografía de Santa Teresita del Niño Jesús. Entra en sintonía con ella especialmente por lo de la “noche atea”, bloqueada y aceptada. Llega la Navidad de 1925. Fueron tres semanas de fuego. Se siente llamado a una vida interior, a un contacto con Dios, sueña con una vida contemplativa, una especie de monacato. Escribe una carta a sus padres comunicándoles que quiere hacerse religioso. Es consciente que la llamada ha venido de un momento a otro, violenta, como no se lo había imaginado. Le conceden el permiso. El 24 de marzo de 1926 Ricardo deja la casa para entrar al noviciado de los jesuitas en Villavechia de Frascati. Es la vigilia de la Anunciación (cf. Il microfono di Dio, di G. C. Zizola, 1990, pag 24-43).En 1933 se gradúa en Filosofía. En 1936 es ordenado presbítero. Pasa dos años en Florencia. Desde el 8 de marzo de 1938 providencialmente sustituye a su compañero Carlos Boyer en un ciclo de conferencias en la Universidad de Padua. El aula está colmada de alumnos y profesores que escuchan deseosos de palabras de fraternidad y de paz. Todo parte de allí.
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